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Presupuesto

De Presupuestos y Bolas de Cristal

5 de septiembre de 2025

Versión TL;DR


El proceso de presupuesto anual no es una tarea financiera más. Para un gerente de tecnología, es un momento decisivo de alineación estratégica, optimización operativa y apuesta por el futuro. Aquí conversamos acerca de por qué este ejercicio, lejos de ser rutinario, es uno de los más potentes para construir capacidades y resiliencia en las organizaciones.

Cada año, sin falta, llega ese momento en el que nos enfrentamos a una tarea tan recurrente como determinante: construir el presupuesto de tecnología del próximo año. Más allá de tratarse de un ejercicio contable, este proceso es una oportunidad invaluable para reflexionar, proyectar y tomar decisiones que van mucho más allá de lo financiero.

Es el momento donde se condensa nuestra visión del negocio, nuestra interpretación del rumbo estratégico, nuestras restricciones operativas y nuestras apuestas de innovación.


El presupuesto es, sin lugar a dudas, uno de los ejercicios más poderosos que puede tener un líder para articular su hoja de ruta, tanto a corto como a mediano plazo.


Pensar hacia adelante


Una de las mayores virtudes de este proceso es que te obliga a pensar hacia adelante. Es una pausa necesaria en la rutina operativa para hacer un corte de cuentas (no solo financiero, sino estratégico) y proyectar hacia el futuro. Esto implica, primero que todo, entender a fondo hacia dónde va el negocio: ¿crecerán ciertos canales? ¿Se lanzarán nuevas líneas de productos? ¿Se abrirán nuevos mercados?

Sin claridad en la estrategia corporativa, cualquier presupuesto será una sumatoria de gastos, no una inversión planeada. Por eso, debemos ser un interlocutor activo en las conversaciones del comité ejecutivo y, ojalá, copartícipe en la definición de las prioridades estratégicas. Solo así puede construir un presupuesto que no sea reactivo, sino propositivo.


Revisar lo existente: renovar, unificar, optimizar

Una parte importante del trabajo es revisar lo que ya está pasando: contratos, licencias, servicios tercerizados, plataformas de soporte, entre otros.


La mayoría de estos compromisos son anuales, y su renovación no debería ser automática. Al contrario, es el momento justo para hacer una revisión del uso real, valor generado, redundancias y oportunidades de optimización.


  • ¿Podemos unificar herramientas con funciones duplicadas?

  • ¿Tiene sentido mantener un sistema on-premise cuando ya migramos 80% a la nube?

  • ¿Es hora de renegociar términos, escalar o reducir ciertos servicios?


Estas preguntas no son simples, y mucho menos neutras: cada decisión impacta directamente la capacidad futura de ejecutar nuevos proyectos.


Apostar por lo que construye capacidades


Pero el verdadero corazón del presupuesto no está solo en lo que se renueva, se mantiene o se recorta. Está en aquello que se quiere construir.

La función más estratégica del presupuesto anual es definir qué capacidades tecnológicas queremos habilitar para el negocio en el siguiente ciclo. Y eso implica hacer apuestas conscientes e intencionales: seleccionar los proyectos clave que van a mover la aguja. No se trata solo de implementar lo que está de moda, sino lo que realmente puede transformar.

Algunas preguntas claves en este momento son:


  • ¿Qué capacidades nos permitirán escalar más rápido?

  • ¿Qué iniciativas reducen la fricción operativa en procesos críticos?

  • ¿Dónde hay una oportunidad clara de diferenciación o ventaja competitiva?


Tal vez sea momento de optimizar el modelo de FinOps en la nube para mejorar control y eficiencia. O de desplegar una estrategia de ZTNA (Zero Trust Network Access) para fortalecer la postura de ciberseguridad. O quizás, sea el año de integrar IA en procesos claves de todos los departamentos. La decisión importa. Y mucho.


Reservar para lo incierto


Una recomendación que siempre hago, aunque suene contraintuitiva en entornos financieros ortodoxos, es reservar una parte del presupuesto para lo inesperado. Un "plus", un colchón estratégico, un buffer. Llámalo como quieras, pero es fundamental tenerlo.

No se trata de una reserva para emergencias operativas (eso debería tener su propio fondo), sino de una apuesta deliberada a la incertidumbre. En un mundo donde los cambios son acelerados, los cisnes negros aparecen con más frecuencia y los eventos disruptivos son la nueva normalidad, no planear lo impredecible es el verdadero riesgo.

Este (pequeño) bloque reservado puede permitirte reaccionar con rapidez cuando aparezca una nueva regulación, una amenaza crítica, una oportunidad estratégica o una alianza inesperada. Tener los recursos ya asignados hace toda la diferencia entre ser reactivo o ser protagonista.


¿Y el caso de negocio?


Algunos argumentarán que cada nuevo proyecto debería pasar primero por un caso de negocio formal para justificar su asignación de recursos. Y es cierto: el análisis de retorno sobre la inversión es fundamental.


Pero aquí hay una distinción importante: no es lo mismo pedir recursos cuando se identificó una oportunidad, que tener ya reservados los recursos y enfocar el caso de negocio en cómo maximizar el retorno. El primer escenario implica burocracia y pérdida de momentum; el segundo, agilidad y enfoque para ejecutar. Es ahí donde debe estar tu mente.


Ahorros que abren puertas


Finalmente, un aspecto clave del presupuesto anual es la búsqueda deliberada de eficiencias. Pero el objetivo no debe ser ahorrar por ahorrar, sino ahorrar intencionalmente, para hacer espacio a algo más importante.

Los recortes no deben verse como derrotas, sino como decisiones inteligentes para liberar capacidad.


Si optimizar un contrato o eliminar una herramienta innecesaria permite financiar la implementación de una solución de mayor impacto, entonces el ahorro es una inversión en sí mismo.


Presupuestar es liderar


El presupuesto anual no es un formulario que se llena ni una proyección que se delega a finanzas. Es, en esencia, un acto de liderazgo. Uno que combina visión de futuro, entendimiento del presente y capacidad de ejecución.

Como líder de tecnología o incluso el CEO del negocio entero, tu mayor responsabilidad no es sólo mantener la operación funcionando, sino construir el futuro digital de tu organización. Y ese futuro empieza sin excepción con un presupuesto bien pensado.

Haz del presupuesto un activo en sí mismo.

Walter Serrano

Tech Tribune - 05/sep/2025